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Plantean la ganadería regenerativa como un medio más eficiente de producción cárnica

El escenario no es el mejor para la ganadería vacuna nacional, que en la actualidad enfrenta una marcada caída del valor del ganado. Incluso, la Asociación Rural del Paraguay (ARP) tuvo que salir a realizar un comunicado para socializar que comenzó a analizar las causas que generan la caída de los precios. Además, alertó que esta situación podría frenar las inversiones en el sector.  Dentro de este contexto, Marcos Sapiro, responsable del establecimiento El Arrayan, ubicado en la zona de Pozo Hondo (Boquerón), plantea un modelo de producción más eficiente y de menor costo.

La gran baja de precios del ganado genera incertidumbre y preocupa a los productores ganaderos.  “Pero la realidad es que nosotros, los productores, no somos fijadores de precios, somos tomadores. Entonces, tenemos que producir a menor costo y con más eficiencia. Realmente, no tenemos otra opción”, señaló Marcos Sapiro a nuestro medio.

Ganado adaptado, de talla moderada; versus vaca grande.

No obstante, dijo que existen cuestiones arraigadas en la industria, que en muchos casos refleja poco criterio. Como ejemplo, mencionó el color sólido que exigen que tenga el ganado, cuando este aspecto no impacta en la calidad de la carne. “Quiero saber quién es el que piensa de qué color fue el animal cuando llega el plato a la mesa. Es absurdo, pero, sin embargo, sucede”.

También comentó que se exige un animal de tamaño grande, que no es productivo a pasto. En definitiva, al no cumplir estas exigencias, los productores están expuestos a sufrir descuentos en la industria. Mientras tanto, la realidad es que se requiere de un ejemplar de estructura física más moderada en un sistema de producción a pasto. “Obviamente, eso no les gusta a los confinamientos, que abastecen al frigorífico, porque este ganado de talla más moderada se termina antes”, afirmó.

Ganado adaptado a su entorno

Por otra parte, Sapiro señaló que el ganado con tamaño adaptado a los entornos tiene mayor eficiencia de conversión, lo que representa menor costo. Aclaró que no significa que el animal gane más kilos en términos absolutos; sino, más bien, gana más kilos en relación a su peso. Es decir, tiene una mayor ingesta relativa. “Esto nos enseña nuestro mentor Johann Zietsmann, pionero de todos estos conceptos de la ganadería regenerativa. Justamente habla de la injusta ventaja del animal de menor talla, ya que come más en relación a su peso”, explicó.

Además, mencionó que este tipo de animales se mantienen en buen estado corporal y son más eficientes. Esto desemboca en una disminución de costos en los campos. Es decir, genera mayor rentabilidad por hectárea, que es lo que todo ganadero busca.

“Ahora bien, si el precio del gordo es más alto que el costo de engordarlo, entonces cuanto más grande el animal va a valer más por kilo. Es matemática simple”, expresó.

No obstante, si sucede lo opuesto, con altos costos operativos y elevadas cargas de insumos alimenticios, el tamaño moderado terminará por ser más rentable, ya que es más eficiente para convertir esos kilos, aseguró. “Obviamente, el mercado aún no lo acepta. Y no creo que lo acepte, ya que el costo de procesar un animal, sea grande o chico, es similar para la industria. Además,  con cortes más grandes, los costos se diluyen más”.

Vaca Brangus con ternero Mashona (1/2) y Brangus (1/2).

Sapiro sostiene que es necesario que se entienda que los animales grandes, para los que producen a pasto, es un perjuicio. Al respecto, explicó que este tipo de ganado tiene mayor requerimiento. Es decir, eleva el costo orientado a los insumos, a la nutrición, a la sanidad, y a la operatividad . “Requiere de muchas horas de trabajo dedicadas a asistir al ganado, porque necesitan más de nosotros para mantenerse en buen estado corporal durante todo el año, y esto lo generamos nosotros mismos al tratar de cambiar el entorno para un animal desadaptado, en vez de buscar tener animales adaptados al entorno en el que producimos”.

Criterios equivocados de selección

Igualmente, el responsable de El Arrayan considera que durante años se emplearon criterios equivocados de selección. Sobre este punto, señaló que lo adecuado es observar e imitar cómo se comporta la naturaleza e identificar cuáles son los rasgos que ella selecciona. Es decir, si es la fertilidad, la facilidad de partos, el buen balance hormonal tanto en machos como en hembras o la adaptación al medio.

“Debemos hacer un cambio de mentalidad, y empezar a seleccionar a nuestros animales con base en procesos de selección natural, como hace la naturaleza: supervivencia del más fuerte para, en definitiva, ser más rentables”.

Es más, aseguró que algunas decisiones son totalmente contraproducentes. Como ejemplo, mencionó el momento que se elige para las pariciones, en una época en la que no abunda el pasto. “En vez de alinear el requerimiento de los animales, el momento que necesitan mejor nutrición, con la época en que tenemos verde para cubrir sus necesidades y el requerimiento del ganado no tenga que salir de nuestro bolsillo, con suplementos caros que nos alejan de nuestro objetivo de rentabilidad. Ese es el desafío que tenemos, a lo que debemos apuntar”, sostuvo.

Mentalidad enfocada en la ganancia de peso del individuo

Otro aspecto abordado por Sapiro en esta nota para Diario Campo es la mentalidad del productor tradicional, enfocada en el peso del ternero al destete y en animales grandes para ganar más kilos. Es decir, se apunta exclusivamente a la ganancia del individuo, y no a la rentabilidad por hectárea.

Este esquema se ajusta a lo que demanda la industria: un animal grande. Es por ello que el frigorífico paga por kilos ganados, lo que no beneficia al que produce a pasto. Es más, le perjudica de forma considerable y genera un escenario de disputas por el precio, con productores descontentos por los bajos valores, que además tienen que lidiar con los elevados costos para satisfacer a un ganado de talla grande, añadió.

Ternera Mashona.
Ternera Mashona.

“Si nos ponemos a pensar, es una locura. Y es totalmente injusto para el productor a pasto. Es un ciclo de nunca acabar, y tenemos que poder romper con esto y producir como realmente necesitamos, con animales adaptados a pasto, que tengan un tamaño moderado, no hay otra opción”.

Experiencia de El Arrayan

Por último, Sapiro comparte la experiencia de El Arrayan, donde emplean la genética Mashona, una raza adaptada que tuvo que sobrevivir a grandes desafíos nutricionales en el norte de Zimbabue, además de la amenaza de los depredadores que habitan en esta región del mundo. “La naturaleza la seleccionó, y este tipo de individuos tenemos que empezar a usar en nuestros campos. Pero no solo esta raza, sino que hay muchas razas criollas, adaptadas, que vienen a corregir estos problemas que mencionaba antes”.

En definitiva, recomendó seleccionar individuos, no razas, ya que existe mucha variación, incluso dentro de una misma variedad racial. “La naturaleza es la que tiene la última palabra de quiénes son los individuos adaptados al medio y quiénes no lo son”.

Un aspecto de gran importancia es la identificación de los animales adecuados. Es decir, las vacas más fértiles, las que no se enferman, las que dan una cría al año y que no requieren de asistencia para parir. “Justamente, esas son las hembras que podrán entregar un ternero adaptado a los campos a pasto, y permitirán emplear un toro terminal con estas vacas bien adaptadas, para que nos den un ternero pesado como quiere el mercado y la industria. Este tipo de animales son los que nos hacen disminuir nuestros costos, y ser más rentables, que, en definitiva, es lo que queremos los productores”, concluyó.

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